Por Teresa Galindo Lozano. RDV.  El sábado pasado, y sobre las escalinatas del Mercado central, se dieron cita los   viajeros de la segunda edición de la Ruta la de Valencia en Positivo.

El día era gris y lluvioso, y la gente parecía no tener el ánimo de llegar al punto de encuentro, pero al tiempo que el sol se abría paso entre las nubes, la audiencia fue creciendo pues quería conocer que en esta ciudad levantina, además de corrupción y despilfarro, en sus barrios existen iniciativas independientes y están surgiendo propuestas que  vigorizan el tejido social.

Entre tanto, en la mesa de una terraza, un hombre contaba a sus amigas madrileñas que en Valencia existe una Ruta dedicada a la Corrupción y al Despilfarro. Una de ellas  ya la conocía, debido al revuelo diplomático causado por la delegación española en  Londres, a propósito de un reportaje realizado por la BBC. En éste se evidenciaron las numerosas y desacertadas prácticas políticas y el saqueo de dinero público en España, particularmente en Valencia, por parte de los políticos.

Entonces los tertulianos del bar contiguo,  se acercaron  a fotografiar las camisetas  que llevaban los guías y que exhibían 15 puntos del itinerario y que permiten confirmar la existencia del  “Corrup tour” de Valencia, y que contrasta con la nueva versión “en Positivo”

Mientras tanto, Antonio Gimeno,   propietario de dos negocios de comida multicultural, explicaba que el Mercado Central además de ser un espacio para el comercio y la tradición gastronómica e histórica, es una cooperativa  que se ha adaptado a los  tiempos    introduciendo en su gestión,  las ventajas de las nuevas tecnologías. Y como divulgador de la Economía del Bien Común (EBC) destacó que  el objetivo de las empresas que  se adhieren a este movimiento debe ser el de estrechar otro tipo de relaciones sociales y económicas, y dio la palabra a Lola López.

En  compañía de ella, los  excursionistas se dirigieron al “Centre de Cultura Contemporània Octubre” que funciona en el emblemático edificio de  “El Siglo”, famoso  por ser uno de los primeros grandes almacenes de comienzos de siglo en Valencia.  Lola López, ex consejera de Canal Nou, y coordinadora de comunicación de los “Campos de Energía” de la Economía del Bien Común, indicó que su movimiento está tomando una fuerza inusitada porque pondera   valores   como la confianza, la cooperación, la solidaridad, la responsabilidad y la generosidad.

El Bien Común, un movimiento que expande velozmente. Foto Gabriel Rodríguez.

El Bien Común, un movimiento que expande velozmente. Foto Gabriel Rodríguez.

Respecto a la Economía del bien Común, vale decir que desde 2010 empezó a extenderse por el mundo,  proponiendo un cambio de paradigma que de paso del interés desmesurado por  el dinero  a la idea del bien común y la dignidad humana. Es decir, una nueva forma de entender la economía y de recuperar su función de satisfacer las necesidades humanas.

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Hablando sobre el Bien Común en el Centre Octubre. Foto Mercedes Grau.

Para lograrlo, las empresas adheridas se comprometen a hacer un balance de la Economía del Bien Común entre sus empleados, proveedores y clientes, y a tener en cuenta aspectos como la solidaridad, la justicia social, la sostenibilidad ecológica, la democracia y los derechos humanos. “Si las empresas se rigen por dichos principios pueden obtener ventajas legales que les permitirán sobrevivir, frente a los valores del lucro y la competencia actuales” puntualizó López.

La tierra desde una azotea

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En Huerto City. Foto Mercedes Grau.

Con la convicción de que la economía puede dejar de ser una ciencia más preocupada por la rentabilidad de los capitales que por el bienestar humano, el grupo se dirigió a Huerto City, un interesante proyecto de la Red Sostenible y Creativa que funciona en una azotea  de 150 metros, en el barrio de El Carmen.

Allí, en medio de materiales reciclados, plásticos que sirven de macetas, palets como semilleros  y mallas de plástico con las que hacen sombra, y entre plantas y flores, un miembro de la plataforma  explicó que la intención de Huerto City no es producir alimentos, sino experimentar, aprender y conectar con la tierra.

Este pequeño huerto urbano en pleno corazón del centro histórico, refleja el  empoderamiento ciudadano  del trabajo en equipo y de la consolidación de redes. No es gratuito que entre sus objetivos tenga el proporcionar a los ciudadanos las  herramientas básicas para que hagan  sus huertos y  establezcan  lazos entre personas con  inquietudes similares.

Azoteas que acogen cultivos. Foto mercedes Grau.

Azoteas que acogen cultivos. Foto Mercedes Grau.

Para ello, efectúan una reunión informativa semanal, cada martes, a la cual acuden los voluntarios que se encargarán de cuidar las plantas, de aprender a cultivar y de trasmitir a otras personas sus nuevos conocimientos. El próximo sábado 25 de mayo tienen previsto realizar, entre el Puente del Real y el de Calatrava, el Encuentro del Sol  donde estarán presentes distintos grupos de la Red Sostenible y Creativa.

Libros para tod@s

Luego, en el número 2 de la Calle Moro de Zeit,  Belén Gómez y Marisa Bou  promotoras de ‘El Magatzem dels Llibres Solidaris’  manifestaron que han abierto esta librería solidaria para que nadie se quede sin leer, y que así como hay entidades  que alimentan a las personas que no tienen recursos, ellas pretenden  alimentar la mente y el espíritu  y propiciar  la lectura, también afectada por la crisis y los recortes.

Los libros, otro alimento básico. Foto Gabriel Rodríguez.

Los libros, otro alimento básico.

El Magatzem abrió sus puertas hace poco más de un mes y ya ha recibido en donación miles de libros  de diverso tipo y contenido.

Para lograr  sus objetivos solidarios   proponen tres formas de participación: suscripción por 15 euros al año (con derecho   a llevarse durante un año 24  títulos diferentes), entregar un libro a cambio de otro y pagar 1 euro por ello,  y adquirir los libros por peso, cada 100 gramos valen  0,50 céntimos. .

Con el dinero recaudado, pretenden dar a las familias con varios hijos y que por sus ingresos no pueden optar por becas, bono-libros  de 200 euros para aligerar la carga del comienzo del curso escolar.

Cofradía creativa

Con algunos libros en la mano y  con la reflexión de  que la crisis no puede terminar con la lectura, el grupo  llegó a  L’Ambaixada, un estudio colectivo en la calle Baixa, donde un arquitecto, un diseñador, y un economista  han formado una especie de cofradía que surgió en un principio para compartir gastos, y con el tiempo se ha convertido  en un espacio de interacción creativa donde las sinergias individuales se convierten en  oportunidades.

Sumando fuerzas para crear. Foto Mercedes Grau.

Sumando fuerzas para crear. Foto Mercedes Grau.

Soy rico porque necesito poco

Camino hacia  Benimaclet los viajeros compartían admirados las novedades vistas en El Carmen. En pocos minutos, el autobús se detuvo en frente del Centro Social Autogestionado donde un grupo de jóvenes realizan actividades culturales y cultivan más de tres mil metros cuadrados de huerta para el autoconsumo.

Parcelas de autocosumo en la huerta de benimaclet. Foto Mercedes Grau.

Parcelas de autocosumo en la huerta de Benimaclet. Foto Mercedes Grau.

Esta experiencia asamblearia funciona desde hace un año, y cada domingo,  a las 5 de la tarde ponen en común  las propuestas de trabajo y las peticiones de los vecinos que desean trabajar  alguna de las cincuenta parcelas en las que se distribuye el campo. “Soy rico porque necesito poco” fue una de las primeras frases que pronunció  el anfitrión, antes de mostrar los cultivos y la alquería aledaña.

Una alquería que se salva del derribo. foto Mercedes Grau.

Una alquería que se salvó del derribo.                                    Foto Mercedes Grau.

La casa es una sobreviviente de las demoliciones  hechas sobre el patrimonio arquitectónico de la huerta valenciana.  En sus  encaladas paredes se exponen como un canto a la nostalgia fotografías y recortes de prensa que dan cuenta de cómo era el pueblo de Benimaclet  y su  paisaje predominante de huerta.

De ésta época  quedan las históricas calles que llegan a la plaza y la Acequia de Rascanya, cuyas aguas riegan las parcelas comunitarias que al igual que la alquería se resisten a morir

Cuando benimaclet era un pueblo y había más huerta que casas.

Cuando Benimaclet era un pueblo … y había más huerta que casas.

 

Demonios y fuego para una fiesta

Cavaller Tirant. Foto Maite Puerta.

Cavaller Tirant.  Foto Maite Puerta.

Moro Maclet. Foto Maite Puerta.

Moro Maclet. Foto Maite Puerta.

A pocas calles y muy cerca de la plaza del pueblo, se encuentra   la Assemblea de Veïns de Benimaclet,donde   un par de gigantes  silenciosos, el Moro Maclet y el Cavaller Tirant dieron la bienvenida al grupo, vestidos con sus tradicionales ropajes.

 Peli, una de las portavoces de la Assemblea,  manifestó que el objetivo de su organización  es trabajar colectivamente por Benimaclet, en lo que respecta a reivindicaciones vecinales, estímulo a la cultura  y  preservación de las tradiciones.

Entre las más conocidas está  la celebración anual en el mes de febrero  del carnaval  de Carnestoltes en las que participan diferentes collas, la de  Dimonis, la de dulzaineros y tabaleteros, grupos de danzas locales, muxarangas valencianas y otras expresiones folclóricas que junto con  la gente que acude disfrazada, escuchan la proclamación de independencia de Valencia y así se da por concluida la celebración.

Hay que prepararse para ser Dimoni, explica Peli.

Hay que prepararse para ser Dimoni, explica Peli.

Contenedor de soluciones

Al cabo de un par de horas, y luego un descanso en Caf-Kafé, un recinto literario  que    pone en valor  la palabra y el encuentro con la  lectura, el próximo destino fue El Cabanyal, uno de los barrios marineros de Valencia.

Al final de la avenida del Puerto y muy próximo a las atarazanas (donde se construían los barcos), encontramos el proyecto Matraz, que toma su nombre del  recipiente utilizado en química para preparar soluciones.

Matraiz, un espacio para compartir. Foto Mercedes Grau.

Matraz, un espacio para compartir. Foto Mercedes Grau.

Como espacio  cultural alberga iniciativas de distinto tipo dirigidas a diferente tipo de gente. Destaca que hay actividades conjuntas para niños y para adultos, algunas regulares y otras puntuales. Este centro cultural se autofinancia con pequeños aportes de sus socios y está abierto a quienes deseen hacer talleres, o a entidades que necesiten  un lugar para hacer una actividad.

Esa mañana, coincidimos con un grupo de Geocaching, que es una red mundial de personas que buscan tesoros escondidos en el medio rural y urbano. En concreto, pretenden  construir nodos de memoria a partir de gráficas digitales y  hablan de la historia de un lugar.

 

Amalur, propuesta de cambio

La Cooperativa Integral Amalur, también acogió a la Ruta y  explicó que pretende ser una herramienta de transición  entre el capitalismo genocida y una sociedad nueva respetuosa con la naturaleza y la especie humana.

Y para lograrlo, proponen superponer tres fases en relación dialéctica:  capitalista o mercantil, social o intermedia -aún mercantil-  y de reciprocidad biosférica, más justa con la ecología y con las personas.

Su propuesta cultural enfatiza en la necesidad de crear otro tipo de universidad que propicie la ciencia, la investigación y el conocimiento de los procesos a partir de la autofinanciación, para que los intereses de las multinacionales y los monopolios no condicionen los resultados.

Crear nuevos paradigmas. Foto Mercedes Grau.

Trabajar por un cambio de modelo.  Foto Mercedes Grau.

Diversidad en las Ondas

Bastaron pocas calles para llegar a otra iniciativa, esta vez, una radio comunitaria que lleva  casi tres lustros a cuestas y cuyas ondas han podido transmitir voces y mensajes múltiples, siempre marcados por la crítica social, cultural y política, todo sin filtros ni censura.

Promotores de Radio Malva. Foto Mercedes Grau.

Promotores de Radio Malva.                           Foto Mercedes Grau.

Inició casi sin pensarlo cuando el  Grupo de dones “Malvadona”, un insumiso – el  “heavy del barrio”-,  dos vecinos del Cabanyal que habían participado en una radio libre -Radio Klara- , y dos cristianos “progres”  de las JOC, pensaron que podían extender esa iniciativa a la Malvarrosa.

Una información más plural. Foto Mercedes Grau.

Una información más plural. Foto Mercedes Grau.

Y así fue. Hoy, Radio Malva forma parte de la Red Estatal de Medios Comunitarios, y pretende dar la voz a quienes no la tienen y así convertir al ciudadano en fuente de la noticia.  Y aunque su cobertura es limitada, llega a Natzaret, Malvarrosa, Cabanyal, Alboraia y a la Universidad Politécnica.

Desde noviembre de 2012 la radio funciona en un piso de la CNT cedido al Ateneo Libertario. Se trata de un espacio gratuito y que les permite hacer planes como mejorar la  antena y la calidad de la emisión.

Libertad de opinión.

Un barrio de puertas abiertas

Ya casi por terminado su periplo por los barrios marítimos,  los participantes de Valencia en Positivo visitaron una de las casas que se suman cada año a la Jornada de Cabanyal Portes Obertes.

Alli la gente muestra sus viviendas, con sus habitantes, historia y valor afectivo e histórico y patrimonial. Lo hace como una forma de crear conciencia y lograr el apoyo ciudadano contra del proyecto del Ayuntamiento de Valencia que busca derruir más de mil quinientas viviendas para ampliar una avenida que llegue al mar. Dicho proyecto esconde intereses especulativos que se priorizan sobre  la preservación y  conservación de un barrio poblado de casas de estilo modernista y popular.

“Veig al Cabanyal una manera artística de viure” decía el recientemente desaparecido escritor José Luis Sampedro al referirse al Cabanyal, antiguo pueblo marinero, convertido hoy en un barrio que se defiende de la pica.

Un barrio acogedor que lucha por su identidad.

“Portes Obertas”,  para crear conciencia.

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  1. […] Fuente: LA VALENCIA EN POSITIVO […]

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